Desarrollar la inteligencia emocional, la capacidad creativa y el talento personal, son valores intangibles que cada vez se les presta mayor importancia, la sociedad contemporánea solicita y valora estos perfiles con gran interés, sin duda son valores cualitativos que contribuyen a desarrollar hábitos y estrategias cognitivas que favorecen la adquisición de competencias vinculadas al desarrollo del pensamiento divergente, el juicio crítico, la actitud emprendedora, etc., habilidades que a la postre contribuyen a crear innovación, a mejorar el bienestar y potenciar la competitividad y el desarrollo.
Pienso que el artículo del El País, "La buena escuela no asfixia la creatividad" (Elisa Silló | 8 ABR 2013), recoge esta preocupación y también argumenta esta cuestión de fondo. José Antonio Marina, Eduardo Punset, Sir Ken Robinson, entre otras personalidades y divulgadores, ponen el foco en este problema estructural y razonan la necesidad de transformar los sistemas educativos con el objetivo de ofrecer una educación integral, contemporánea, efectiva y de calidad, que favorezca la transversalidad intracurricular y el desarrollo de competencias fundamentadas en capacidades vinculadas al desarrollo de la creatividad y el talento.
Leer artículo original desde la web de El País
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